Encontrando paz a través de la familia

No es casualidad que se celebre el Día Internacional de las Familias, y que un día después, celebremos el Día Internacional de la Convivencia Juntos en Paz.
En mi mente, eso es pura poesía, el universo sonriendo y recordándonos que no podemos tener uno sin el otro. Familias y paz.
Y ambos son precisamente lo que el mundo necesita en este momento. No hay nada más poderoso (y hermoso) que familias amorosas, las cuales difunden alegría en una época en la que el mundo está lleno de tanta desesperación. Las familias felices y unidas crean comunidades pacíficas, y crean la fuerza y la esperanza que necesitamos para soportar estos tiempos. Es así de simple.
Claro, familias son más que las personas con las que compartimos un hogar — padres e hijos, o tías y tíos. La familia es cualquier grupo de individuos que están unidos por una conexión común. Y no hay conexión más grande que la Tierra. Y no hay familia más grande que la raza humana.
El mundo nunca ha experimentado un fenómeno de proporciones tan épicas y globales como lo que estamos enfrentando hoy. Coronavirus es una palabra que ahora vive en la mente de todos los ciudadanos del planeta, independientemente de su nacionalidad, fe, ideología o posición económica. Todos nos enfrentamos al mismo futuro incierto. Todos estamos hablando de nuestras experiencias compartidas, miedos y esperanzas. ¿Cómo será mañana?
En el camino, ha nacido un nuevo lenguaje universal — barbijos, distanciamiento social, aplanar la curva, refugio en su casa, la apertura del país. ¿Quién podría haber imaginado que todos tendríamos tanto en común?
Pero la verdad es que siempre hemos tenido más en común que nuestras diferencias. En primer lugar, como parte de la familia humana, todos estamos sujetos a nuestros egos, miedos y preocupaciones, y todas las cosas que vienen con vivir en un cuerpo humano. Y ninguno de nosotros es inmune a la lucha interna para evitar que nuestras mentes vivan en un futuro horrible que imaginamos. Permanecer en el momento es una lucha que todos enfrentamos juntos.
Afortunadamente, también tenemos otras cosas en común, como nuestra capacidad para trascender el dolor y superar la adversidad. O nuestra capacidad de encontrar significado y propósito en nuestras horas más oscuras. Compartimos un espíritu creativo, un aprecio por la belleza, y una necesidad de risa, y juego en nuestras vidas. También compartimos compasión y el corazón bondadoso para cuidar a otro. Y, por supuesto, compartimos esperanza y amor, y la guía interior que tenemos debajo de nuestra carne y hueso, somos del mismo espíritu.
Somos uno. Una familia. Unidos por el Universo.
Desafortunadamente hemos necesitado de una pandemia para recordarnos, mostrarnos quiénes somos. Y aunque no se puede negar que las experiencias que estamos viviendo en este momento están teniendo un profundo impacto físico, emocional y financiero en la mayor parte del planeta, podemos, con suerte, consolarnos en el hecho de que el mundo está, una vez más, aprendiendo que estamos en un viaje común para encontrar nuestro camino en este mundo y más allá.
Somos una familia global a la que colectivamente, e individualmente, se le ha dado la oportunidad de ver lo que es importante en la vida. Se nos ha dado la oportunidad de mirar profundamente dentro de nuestro alma, y al hacerlo, nos estamos enseñando a nosotros mismos cómo ir más despacio y simplificar, a estar tranquilos y quietos.
En otras palabras, mis amigos, se nos ha dado el don de la paz. Ahora, depende de cada uno de nosotros decidir qué haremos con él.
Si bien duele ver al mundo con tanto dolor, sé que un espíritu consciente y pacífico siempre se elevará por encima de los desafíos terrenales. Y estoy llena de esperanza de que hemos abierto nuestro corazón a lo que siempre ha sido el principio fundamental de mi campaña: la paz comienza con nosotros. Dentro de mí. Dentro de ti. Dentro de cada ser humano en nuestra familia personal y mundial.
Nuestro desafío ahora es abrazar esta paz con gratitud y la responsabilidad personal de aferrarse a ella mucho después de que esta experiencia haya pasado. Que mantengamos nuestra mente y nuestro corazón abiertos mientras seguimos entregando nuestros temores y confiando en el poder de algo mucho más grande que nosotros mismos.
Y mientras buscamos la paz, la libertad y la felicidad, recordemos que nunca estamos solos. Nuestra familia siempre está con presente, buscando las mismas verdades que nosotros.

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