Traer paz a nuestras escuelas

“Si quieres crear paz en nuestro mundo, debemos comenzar con nuestros hijos.” — Mahatma Gandhi


Hay un momento en la vida entre los crayones y las hipotecas, la fantasía y la responsabilidad, la infancia y la edad adulta. Se llama adolescencia, y es uno de los períodos más desafiantes de la vida que un humano enfrentará. Más aún hoy. De hecho, ser joven nunca ha sido más difícil.
Nuestro mundo se está enfrentando a algunos de los problemas más aterradores de los que se ha enfrentado — el calentamiento global, la violencia, el terrorismo, la pobreza y el malestar social que se alimentan del odio y la intolerancia. Además de todo este estrés global, los jóvenes deben ir a la escuela y enfrentar el desafío diario de encajar con los que los rodean o enfrentarse a ser intimidado o ridiculizado.
Ser un adolescente es vivir en lo que a menudo es un mundo dividido e intolerante.
No es de extrañar que nuestras escuelas se enfrenten a una epidemia de estudiantes con tanta ira y angustia emocional: duda, preocupación, miedo, depresión, ansiedad y baja autoestima.
Pero creo que hay esperanza. Y mucho por lo que emocionarse.
Cuando hablo con adolescentes en escuelas de todo el mundo, puedo ver sus ojos esa búsqueda y esperanza. Estos jóvenes saben que la paz es posible. Ya lo sienten en sus corazones. También están listos para el desafío de hacerlo realidad. Vienen sin prejuicio, con mentes abiertas y un afán de aceptar las verdades más profundas que el universo está ofreciendo.
Por supuesto, por más listos que estén, todavía necesitan modelos a seguir y conversaciones que les muestren que lo que ellos sienten en sus corazones también es una forma real de vivir. Más que eso, están buscando un camino hacia la paz. Real. Práctico. Transformador.
Estoy agradecida a Dios por tener la oportunidad de compartir mi mensaje de felicidad y paz basado en la responsabilidad personal con estos estudiantes. Me encanta contarles sobre Zero Frequency®, la posibilidad de la no mente, no pensamientos, no juicios que les permite experimentar la plenitud del momento presente.
Yo llamo a esto un retorno a nuestro estado natural de Zero — el estado ilimitado que viene cuando vivimos en el ahora — presente, consciente, libres de juicios, permitiendo que nuestros corazones se abran a la sabiduría, el amor y la paz que ya vive dentro de cada uno de nosotros. Es el núcleo de mi programa Zero Frequency® que se dedica a ayudar a los demás a despertar y darse cuenta de su potencial y quiénes son: felices, pacíficos, abundantes y plenamente conscientes.
Estos estudiantes también lo entienden. Invariablemente, alguien en la audiencia levantará la mano y gritará: “¿Cuánto tiempo se tarda en llegar a Zero?”
Mi corazón se derrite cuando escucho esto. Lo que realmente quieren saber es: ¿Cómo puedo ser feliz y estar en paz ahora?
Al igual que sus homólogos mayores, están listos para el cambio y no quieren esperar ni un minuto más para empezar. Son sabios más allá de sus años.
Yo les digo la verdad. No tienen que esperar otro segundo más para ser felices. Pueden decidir en ese momento cómo vivir. La felicidad y la paz están a un paso de sus pensamientos. También les digo que su camino a Zero comienza con la responsabilidad personal — ya lo tienen y es su poder para cambiar el mundo. Les recalco que, si no creen esto, no irán tan profundo. Pero veo que sí creen. Y quieren profundizar.
A este punto en mis charlas, les enseño maneras hábiles de actuar desde lo más profundo de su ser — una combinación de gratitud, dejar ir, y la práctica de la paz. Digo que es como volver a su infancia, a esa alegría y la inocencia que han perdido a medida que el tiempo y la edad han enterrado quiénes verdaderamente son. Ellos asientan con la cabeza a estas palabras. La infancia de la que hablo es cercana a quiénes son ahora. Se acuerdan y creen.
Desde aquí, les digo a los alumnos algo que ya saben (en lo más profundo de sus corazones). Está bien ser diferente, ser feliz, seguir a tu corazón más que a tu mente. Los desafío a dejar de lado la programación que permite a otros determinar quiénes son. Quiero que confíen en su corazón e intuición, que se inspiren en sus pasiones y que encuentren el valor de seguir esas pasiones dondequiera que vayan.
Mi mensaje es simple y siempre el mismo: Sé tú mismo. Amate. Confía en ti mismo.
Sobre todo, quiero que nuestros jóvenes crean en la bondad del universo, que sepan que pueden cambiar el mundo si comienzan a enfocarse en lo que nos une en lugar de lo que nos divide.
Y cuando termino de hablar, algo interesante sucede a menudo. Nadie quiere irse. Los jóvenes estudiantes se quedan. Se acercan más al escenario. Quieren compartir algo en sus mentes, hacer una pregunta, tal vez compartir un abrazo. Han visto más. Y ahora quieren más.
Y la mejor parte es, yo también.
El hecho es que estos estudiantes siempre terminan enseñándome. Y siempre me siento tan agradecida por su entusiasmo y luz, y por asegurarme que la posibilidad de un mundo mejor existe.
Hay esperanza.

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